"Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?" (Romanos 8:31)
Esta semana ha sido llena de obstáculos. Se han interpuesto montañas en mi camino y mis días han estado cargados de estrés.
Aun con este sentimiento, tuve que decidir si iba a dejarme ser conquistada por ello o si iba a tener fe que Dios me ayudaría a superarlo.
En sí, ser padre o madre es estresante. Entre berrinches, enfermedades y otros retos, puede ser difícil llegar al final de la noche a lavarse los dientes o si quiera felicitarse uno mismo por el buen trabajo.
Me encanta ser madre, en ningún momento lo he resentido. Pero hay días en que pienso que no soy buena, digna ni capaz para criar a mis hijos como Dios manda.
Todos nos sentimos así en algún momento, al menos todos los padres que yo conozco. Estos pensamientos dan campo a la duda y no nos hace flaquear en fe. Puede ser difícil cuando la lista de quehaceres se extiende más que las 24 horas y, uno se pierde entre tanta confusión y ruido.
Días atrás, al conversar con una amiga sobre todo el caos, ella me dijo simplemente: "Siempre me gusta pensar cómo Dios sabe qué podemos manejar".
Esa declaración me condenó. No fue su intención, pero me hizo preguntarme a mí misma porqué me quejaba sobre tener tanto qué hacer, cuando el hecho es que es una abundante bendición de lo que Dios sabe que necesito y puedo hacer. Es la fe de Dios en mí.









Esta semana quiero retarle a considerar las lecciones que la vida le ofrece. Me refiero a ello como “ofrecer” porque Dios nos ofrece enseñanzas, pero queda en nosotros aprender de ellas. Si no, se volverán a ofrecer una y otra vez. En momentos frustrantes y en los emocionantes, hay algo que se puede aprender para prepararnos para m



