La inundación natural me recuerda de otro tipo de inundación – la de las emociones. Cuando la mente está sobrecargada por emociones, dentro de poco, no procesamos información de forma precisa. Esto es un estado mental que nombro “mente salvaje”.
Si usted ha experimentado la “mente salvaje”, ha estado cargado con demasiada emoción, y usted:
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No piensa claro
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Se deja llevar por el pánico
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Distorsiona información
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Reacciona en vez de responder
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Hace amenazas o promesas y se arrepiente de ellas después
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Usa lenguaje del cual se ha arrepentido luego
La mente salvaje es un fenómeno o un estado mental en donde no podemos procesar toda la información que nos bombardea. En este estado de inundación emocional, nos sentimos fuera de control y de muchas maneras, estamos así. Intentamos restringir la inundación de información que derrama a los bordes, pero no somos capaces de procesar lo que nos pasa.
Desafortunadamente, la “mente salvaje” produce resultados semejantes a las aguas tempestuosas durante una tormenta horrible. Los pensamientos son rebeldes, las emociones inmanejables y el comportamiento puede ser errado. El impacto en las relaciones es obvio; resulta en mucho daño si no nos cuidamos bien.
Hace poco, me escribió un hombre indicando su lucha personal con la “mente salvaje”.
Estimado Doctor David:
Hay momentos cuando hablo con mi esposa, que simplemente no puedo seguir la conversación. Cuando discutimos, me siento tan frustrado que casi no puedo pensar. Ella espera que yo tome decisiones cuando apenas entiendo lo que pienso yo; no puedo ni mucho menos tomar una decisión sana acerca de lo que ella está hablando. A veces le he gritado y después me siento horrible. Me siento que estoy fuera de control y esto me asusta. Cuando le pregunto si ella puede tomar las cosas con más calma, ella se exaspera conmigo. ¿Qué hago?
Este hombre experimenta algo muy común – la mente salvaje. Durante situaciones estresantes es fácil estar sobrecargado.
¿Qué hacemos para reducir el impacto de la mente salvaje?
Primero: Salir de la tormenta.
Hay tiempos en cuando tenemos que buscar refugio de la tormenta en vez de intentar restringir las aguas abrumadoras. Hacemos esto al solicitar un “tiempo fuera” con nuestro cónyuge, limitando cualquier discusión de alto voltaje. No siga con discusiones mientras estén enojados o a la defensiva. Buscamos tierra firme que esté segura, un santuario de paz.
Segundo: Tratar de tranquilizarse.
Durante el tiempo fuera, refleje en lo que causa su mente a actuar salvajemente. ¿Qué le provoca o cuál es la amenaza que demanda su atención? En la tranquilidad de su refugio, respire hondo y averigue si usted puede ordenar los eventos que causaban la inundación emocional.
Tercero: Si es necesario, busque personas que lo consuelen.
Durante tiempos de gran estrés, encuentre alguien como un consejero o confidente que pueda consolarle. Busque a una persona llena de compasión que le pueda ayudar a domar los pensamientos sueltos de su mente salvaje.
Cuarto: Ordenar sus pensamientos y emociones, uno a la vez.
Tenga cuidado con embotellamientos donde sus pensamientos agregan y se amontonan. Explore cada asunto con su consejero o amigo, intentando sacar las emociones y escuchar lo que aquellas se comunican. Separe las distorsiones y las verdades. Esté dispuesto a dejar atrás las creencias erradas.
Quinto: Orar.
Como el salmista buscaba consuelo en la grieta de la Roca, aún así podemos llevar los problemas al Único que es capaz de manejarlos. “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes” (1° Pedro 5:7). Desarrolle el hábito de examinar sus pensamientos y emociones. Pida a Dios por sabiduría y Él se la dará generosamente.
Sexto: Buscar distancia del problema.
La mente suele “atascarse” y un cambio de ritmo, circunstancia o paisaje alerta a la mente de que estamos dispuestos a ver las cosas de manera distinta. Podemos hacerlo a través del ejercicio, escribir en un diario o dormir.
Por fin, preparase para la mente salvaje.
Las tormentas vendrán, y a veces, esas tormentas emocionales nos sobrecargan. Tenemos que esperar eso. Podemos planear para el éxito a través de un sendero de seguridad y consejeros o amigos que nos pueden ayudar en momentos de peligro. En cuanto estemos sentamos en tierra firme, la claridad regresará.









Recientemente pasé unos días en el estado de Tennessee, Estados Unidos, donde pude ver ciudades inundadas con lluvias torrenciales. Mucha gente se dejó llevar por el pánico cuando las aguas entraron a sus hogares. Inmediatamente sentí empatía por ellos, porque yo también he sido víctima de inundación.



